domingo, 15 de noviembre de 2015

¿QUIÉN CUENTA LOS INCENDIOS EN INDONESIA?

Heidy Ramirez @ideagenial 
El mundo no hace más que hablar sobre la próxima cumbre climática. Probablemente la Encíclica Papal contribuyó a que muchos empezaran al menos a pensar un poco en el tema ambiental. Las predicciones sobre lo que puede surgir de este nuevo encuentro son variadas y definitivamente Francia ha puesto todo su empeño en que, en cada nación donde tiene representación diplomática, se lleven a cabo actividades relacionadas. Puede que la humanidad esté haciendo su máximo esfuerzo, sin embargo el planeta y su propia dinámica, no parece estar contribuyendo sino saboteando el proceso. Caso especial es el fenómeno climatológico de El Niño que está haciendo de las suyas, originando grandes sequías y fuertes inundaciones donde le place. En cuanto a la primera consecuencia, las escasas precipitaciones que reportan algunos territorios han sido origen de incendios arrasadores que a su paso acaban con todo. El problema derivado y que tiene que ver directamente con el cambio climático, es la cantidad de gases que se emiten a la atmósfera como efecto. Aquí entonces pasan a segundo plano la polución de las ciudades, la quema de combustible por fábricas y automóviles o cualquier otro acontecimiento. Un incendio se convierte en una fuente productora de gases que se liberan a la atmósfera elevando potencialmente la diferencia con los que se consideran habitualmente. Caso especial y que últimamente ha sido tema noticioso es el de Indonesia. En este país, las emisiones causadas por los incendios forestales han sobrepasado las que produce Japón en todo un año y antes de que llegue diciembre, podrían haber superado las de Brasil (datos de la Global Fires Emissions Database). La contaminación que se ha expandido, ha causado más de 500 mil casos de enfermedades respiratorias y en algunos de ellos han producido la muerte.
Los incendios que se han contado en el país asiático superan los cien mil este año y los expertos han dicho que hay días en los cuales estos incidentes emiten más CO2 que toda la economía de Estados Unidos. Es el investigador holandés Guido van der Werf, quien ha llamado últimamente la atención sobre este problema.
Una de las causas es la composición del suelo, específicamente de la turba (capas gruesas de restos de plantas en semidescomposición) que almacenan grandes cantidades de dióxido de carbono. Cuando estas áreas son removidas para el uso agrícola, se libera el gas de forma natural, pero si por alguna razón se encienden, el proceso de combustión se hace prácticamente incontrolable y arrasa con ecosistemas y poblaciones. La organización Greenpeace también ha registrado algunos datos, logrando como hallazgo que el 36% de los incendios que monitoreó estaban localizados en regiones de concesiones de terrenos para producción agrícola de pulpa y aceite de palma. Las regiones más afectadas son Kalimantan Central, Sumatra del Sur y Nueva Guinea, esta última considerada como la última frontera en cuanto a bosques vírgenes. El asunto se torna complejo porque la institución activista culpa a la industria aceitera de la degradación del suelo para hacer las plantaciones, mientras que los representantes de este sector económico lo niegan. La responsabilidad cae en tierra de nadie porque tampoco el gobierno muestra documentos o mapas que respalden cuáles son las áreas que realmente se han dado en concesión para la explotación. No obstante a juzgar por una historia llena de episodios donde grandes áreas verdes han sido sacrificadas para el cultivo de la palma, es poca la duda. En las últimas tres décadas se han limpiado miles de hectáreas de bosques y turba en las regiones anteriormente mencionadas para fundar plantaciones de palma aceitera extremando así el riesgo que El Niño ha aumentado. El aceite de palma es un producto  muy preciado tanto en el mercado doméstico como el internacional como ingrediente para sopas y alimentos procesados, jabones, cosméticos y otros productos de uso diario.


Los incendios forestales son una amenaza para la salud de miles de seres humanos. El humo que proviene de ellos mata cada año cerca de 100 mil personas en Asia suroriental, como consecuencia de afecciones coronarias y pulmonares. Estos eventos en Indonesia hacen pensar en que no solo debe enfatizarse en las cuotas que deben cumplir las sociedades industrializadas para no sobrepasar los dos grados de aumento de temperatura en el planeta, sino también en la revisión y control de las prácticas no vistas como determinantes sobre el cambio climático y que definitivamente lo son. El debate sobre cuánto todavía puede durar la crisis en Indonesia no llega a acuerdo. Algunos analistas dicen que ya está llegando a su fin, otros calculan que será en enero. Lo cierto es que ya los daños han sido considerables, las pérdidas económicas cuantiosas y se han agriado las relaciones con los países vecinos. El daño ecológico aunque se sabe que existe no ha sido cuantificado, pero de lo que sí hay seguridad, es que los incendios se han propagado ya a uno de los refugios más importantes de orangutanes en peligro de extinción en Sumatra y Borneo.

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