miércoles, 12 de abril de 2017

CARTA MUNDIAL DE LOS SUELOS

Diario: Notitarde La Costa. Puerto Cabello Edo. Carabobo. Fecha: 07-04-2017.  Columna: BioDazibao Global. p5. Autor: Wilfredo Jiménez Gómez.

Carta Mundial de los Suelos (I)
            En noviembre de 1981 la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aprobó la Carta Mundial de los Suelos, luego en 2015 se hizo una revisión de la misma y se hicieron tanto aportes como actualizaciones, generando finalmente una versión corregida.
La reciente tragedia de Mocoa en Colombia fue en parte producto de la erosión de los suelos 
 La carta contiene en el preámbulo dos puntos a saber: 1) Los suelos son fundamentales para la vida en la Tierra, pero las presiones sobre los recursos de suelos están alcanzando límites críticos. Una gestión cuidadosa del suelo constituye un factor esencial de la agricultura sostenible y proporciona también un resorte valioso para regular el clima y un camino para salvaguardar los servicios ecosistémicos y la biodiversidad. 2) En el documento final de la Conferencia de las Naciones Undas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Rí en particular su contribución al crecimiento económico, la diversidad biológica, la agricultura sostenible y la seguridad ailimentaria, la erradicación de la pobreza, eo de Janeiro (Brasil) en junio de 2012, “El futuro que queremos”, se reconoce la importancia económica y social de una buena ordenación de la tierra, incluido el suelo, yl empoderamiento de la mujer, las medidas para hacer frente al cambio climático y el aumento de la disponibilidad de agua.
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Entre los Principios expresados en la carta se encuentran: 1) Los suelos son un recurso clave que abre posibilidades, fundamental para generar multitud de bienes y servicios esenciales para los ecosistemas y el bienestar humano. El mantenimiento o la mejora de los recursos mundiales de suelos son esenciales para satisfacer las necesidades globales de alimentos, agua y seguridad energética de la humanidad en consonancia con el derecho soberano de cada Estado sobre sus recursos naturales. En concreto, los aumentos previstos en la producción de alimentos, fibras y combustibles que se exigen para alcanzar la seguridad alimentaria y energética supondrán mayor presión sobre este recurso. 2) Los suelos resultan de acciones e interacciones complejas de procesos en el tiempo y el espacio y, por tanto, presentan distintas formas y propiedades y proporcionan diferentes niveles de servicios ecosistémicos. 3) La gestión de suelos es sostenible si se mantienen o mejoran los servicios de apoyo, suministro, regulación y cultivo que proporcionan los suelos sin afectar significativamente a las funciones del suelo que hacen posibles esos servicios y tampoco a la biodiversidad.
Alabado seas, mi Señor

En el capítulo cuarto de la encíclica, cuyo título es Una Ecología Integral, en el subtítulo Justicia entre las Generaciones Futuras, el Santo Padre reflexiona ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están cre­ciendo?. Esta pregunta no afecta solo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario. Cuando nos interrogamos por el mundo que queremos dejar, entendemos sobre todo su orientación general, su sentido, sus valores. Si no está latiendo esta pregunta de fondo, no creo que nuestras preo­cupaciones ecológicas puedan lograr efectos im­portantes. Pero si esta pregunta se plantea con valentía, nos lleva inexorablemente a otros cues­tionamientos muy directos: ¿Para qué pasamos por este mundo?, ¿para qué vinimos a esta vida?, ¿para qué trabajamos y luchamos?, ¿para qué nos necesita esta tierra?. Por eso, ya no basta decir que debemos preocuparnos por las futuras generaciones. Se requiere advertir que lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos noso­tros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Es un drama para nosotros mismos, porque esto pone en crisis el sentido del propio paso por esta tierra.