domingo, 28 de febrero de 2016

EL OFICIO DEL AGUADOR

COLABORACIÓN. Diario: Notitarde La Costa. Puerto Cabello Edo. Carabobo. Fecha: 26-02-2016.  Columna: BioDazibao Global. p6. Autor: Wilfredo Jiménez Gómez.

El Diccionario de la Real Academia Española define Aguador(a) a la persona que tiene por oficio llevar o vender agua. El portal www.ciudadsanluis.com de la ciudad mexicana de San Luís Potosí, reseña que “Un Aguador era un oficio que ha desaparecido en nuestros tiempos, en el viejo San Luis del siglo XIX, era el encargado de abastecer el agua que se obtenía de la Caja del Agua… sus clientes eran fijos, el agua era adquirida por familias que no contaban con el preciado líquido en sus casas.” También informa el portal que “El apodo para los aguadores era "tortugo" ya que estos cargaban grandes vasijas de barro llamadas chochocoles en sus espaldas… el trabajo de aguador era pesado pero digno para llevar el sustento a sus familias.” Este oficio quedó plasmado en la historia con la escultura de "El Aguador", del escultor Mario Luís Cuevas, puesta frente a la Caja del Agua en 2009 en la ciudad antes mencionada.
El portal www.imer.mx del Instituto Mexicano de la Radio, refiere que Claudio Linati publicó en Bruselas, en 1828, un libro en el que reunió imágenes litográficas de diferentes oficios de México. Dice la nota que “Uno de los personajes que más llaman la atención dentro esta obra es El Aguador. Muchos hombres ejercían este oficio y su trabajo era fundamental para dotar a las casas de agua suficiente, que era trasladada por ellos desde las fuentes públicas en las que desembocaban los acueductos de las ciudades más importantes.”
En el contexto venezolano tenemos el testimonio del periodista Ciro Urdaneta Bravo, quien en su libro titulado Maracaibo: Historias y Leyendas, específicamente en la crónica Una Ciudad con Sed, aborda el problema de la falta de agua en la primera mitad del siglo XX y afirma “A través de esos largos años de sed se hizo popular en Maracaibo la figura del aguador, que iba y venía por las calles con su burro cargado de agua, la cual primero era salada y después dulce. Los populares vendedores usaban botijuelas, que cambiaron con el tiempo por latas de 25 litros.” Incluso este autor cita la poesía popular: La competencia a Bartolo/ se la hace María Boscán, / la que vende con afán/ el agua de polo a polo. / Sus burros vienen y van/ y tienen el rabo bolo/ de los palos que le dan.
Con la crisis actual de la falta de agua en el litoral carabobeño, han reaparecido los aguadores, solo que ahora se sirven del avance tecnológico usando camiones y hasta gandolas con tanques de agua de gran capacidad, lo malo es que perjudican al pueblo,   ya que la venden a precios exorbitantes, todo un negocio lucrativo, “redondo”, indigno. ¿Dónde quedaron la solidaridad y la honestidad?, ¿Dónde están las autoridades?.

Alabado seas, mi Señor

En el capítulo tercero de la encíclica, en el título Raíz Humana de la Crisis Ecológica, en el subtítulo Globalización del Paradigma Tecnocrático, Francisco afirma que “…hoy el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica. Se volvió contra¬cultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser al menos en parte independientes de la técnica, de sus costos y de su poder globalizante y masificador. De hecho, la técnica tiene una inclinación a buscar que nada quede fuera de su férrea lógica, y según Guardini el hombre que posee la técnica sabe que, en el fondo, esta no se dirige ni a la uti¬lidad ni al bienestar, sino al dominio; el dominio, en el sentido más extremo de la palabra. Por eso intenta controlar tanto los elementos de la naturaleza como los de la existencia humana, afirma Guardini. La capacidad de decisión, la libertad más genuina y el espacio para la creatividad alternativa de los individuos se ven reducidos.”

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