domingo, 17 de abril de 2011

VERTEDEROS DE BASURA: DEUDA SOCIAL Y AMBIENTAL

(*) Evelyn Pallotta

La generación de materiales de desecho es una consecuencia de toda actividad biológica. Bajo esta premisa podemos decir que la actividad humana no escapa a la característica de producir desechos; sin embargo, cuando de humanos hablamos, la diferencia con otros sistemas biológicos está en que podemos pensar y definir cómo metabolizamos social y ambientalmente esos desechos para actuar conservando nuestro ambiente sin construir deuda social, por el contrario, propiciar oportunidades para todos en el presente y en el futuro.

Una de las lecturas ambientales que tiene la generación de desechos sólidos la constituye la ineficiencia en el uso de los recursos de un país, otra de ellas es el consumo no educado y, englobando las dos anteriores, la falta de políticas públicas de progreso que definan, construyan y articulen soluciones tecnológicas, innovadoras y sociales tendientes a la disminución progresiva del derroche de recursos y la conservación de ecosistemas vitales para el buen desempeño de un país.

Cada vez que botamos basura, estamos botando recursos que extrajimos de diferentes ecosistemas, por los cuales pagamos una cantidad de dinero y que vamos a enterrar en un vertedero, contaminando así suelos, aguas y atmósfera. Este modelo no productivo y constructor de ineficiencias es insostenible en el tiempo. Va edificando escases de recursos, pobreza alrededor de los espacios de vertederos, insalubridad y pasivos ambientales que, generación tras generación, van creciendo y que la naturaleza cobra con creces cuando se satura su capacidad para amortiguar espontáneamente las ineficiencias humanas acumuladas. Basta sólo pensar en los efectos que está produciendo el cambio climático sobre todo el mundo, producto de la aplicación de este modelo de atraso. No podemos olvidar que la generación de residuos es uno de los factores que contribuye a la generación de gases invernadero.

En el Estado Miranda
Aquí en nuestro estado está ubicado el mayor de los vertederos, La Bonanza, que alberga la ineficiencia ambiental de gran parte del área geográfica más poblada de nuestro país situada o no en nuestro estado: el Área Metropolitana de Caracas y algunas zonas de los Valles del Tuy.

Otro sería el panorama si con un modelo productivo versus modelo de atraso, este último constructor de deuda social y ambiental, se implantara nacionalmente otro modelo, un modelo de progreso: una real política de disminución de residuos sólidos, de avanzada, que tomara en cuenta desde el uso sólo de la cantidad de empaque necesario para distribuir los productos que consumimos, el uso de materiales degradables y reciclables, la educación al consumidor, la separación en origen, la recolección selectiva, el reuso de la fracción rechazo -lo que va quedando de la basura-, bien para generar gas y usarlo en hogares o alumbrado público o bien para generar subproductos, por ejemplo fibras textiles a partir de la reutilización de botellas plásticas -PET- que servirían para activar una industria de la confección.

Ciertamente otro gallo cantaría en el país y en La Bonanza. También cantaría otro gallo en Las Brisas, población aledaña a La Bonanza, o en San José de las Clavellinas, Cogollal - Los Mangos, Cepa y Guacarapa, poblaciones cercanas al vertedero del Municipio Plaza.
Podríamos decir lo mismo para El Limoncito y, así, podríamos enumerar una lista con decenas de lugares y comunidades afectadas.

Más allá de enterrar la ineficiencia ambiental
De acuerdo a las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2008, en el país se generaron 21 millones 738 mil 872 Kg de residuos por día, cifra que sólo toma en cuenta lo recolectado. No tenemos contabilidad del material botado a cielo abierto y sin control alguno, hay publicaciones que estiman que supera al 80% de los desperdicios generados en el país.
Para algunos es inimaginable esta cifra, mucho menos qué volumen ocupa y muchísimo menos qué y cuanto es capaz de contaminar; lo que sí está claro para todos es que queremos que las alcaldías recojan la basura y la recojan a tiempo, o en el peor de los casos que el fin justifica los medios cuando no nos recogen la basura: o se bota lejos de casa o se quema. Diariamente, la prensa nacional se satura de reportes de protestas comunitarias por esta razón, vemos carteles y cartelitos con la tradicional advertencia “prohibido botar basura”, pero no existe una voluntad decida a nivel nacional para cambiar hacia un modelo de progreso.

El problema de la basura unido al de la falta de tratamiento de las aguas servidas son los principales problemas ambientales presentes en nuestro país. Han sido reportados por numerosos profesionales, ONG’s y comunidades, así como han sido recogidos en los medios de comunicación a nivel nacional. Todos coinciden en la identificación del problema aún cuando en su cuantificación hay inconsistencia en la data. A mediados del año pasado el Ministro del Ambiente declaró que habían 270 vertederos incontrolados en el país, mientras que el INE reportó la existencia de 311 vertederos (Últimas Noticias, 2010).

Lo cierto del caso es que hay que generar decididamente un cambio, de seguir este modelo obsoleto y de atraso no habrá lugares en el país para enterrar tanta basura y mucho menos habrá comunidad alguna que quiera que le siembren basura a su lado, ni siquiera de su propia producción, mucho menos importada. Y es que cuando hablamos de la basura, hasta al morrocoy le pesa su propia concha.

(*) Evelyn Pallotta. Bióloga. Ecóloga. Analista Ambiental. Actualmente se desempeña como Directora de Ecología y Ambiente del Estado Miranda. Twitter @eapallotta

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